No eran mujeres, eran chips

El Commodore Amiga es recordado como uno de los ordenadores personales más audaces desde el punto de vista técnico de la década de los 80s. Sus capacidades gráficas y de sonido estaban años por delante de sus competidores, e influyeron en todo, desde los videojuegos hasta la producción musical y el arte digital.
En el corazón de la máquina había tres chips personalizados —Agnus, Denise y Paula— cuyos nombres han despertado durante décadas curiosidad, especulación y leyenda. ¿Por qué componentes de hardware tan críticos tenían nombres humanos? ¿Formaban parte de una estrategia deliberada de contrainteligencia o eran simplemente el resultado de la cultura de los ingenieros y de bromas internas?







